Vivimos en una sociedad rodeada de tecnología y con más herramientas al mismo tiempo para acceder a todo tipo de información, pero parece que nos perdemos en esa maraña de de aplicaciones y aparatos y como consecuencia ello cada vez estamos menos informados.
Hay que aclarar que no o es lo mismo conocimiento que información, ni tampoco información que datos. Tener más información no supone necesariamente tener más conocimiento, tener más acceso a información tampoco implica tener más información, como tampoco tener más información implica tener mejor información.
Si a todo esto se le añade la circunstancia cada vez más creciente de incapacidad por parte de las personas de tener un sentido crítico a cerca de la información que nos llega, el resultado no puede ser positivo.
En poco tiempo las redes sociales se han convertido en el centro de nuestras vidas. Estar todo el día embebido en este tipo de tecnologías hace que no tengamos espacios de análisis de nuestra propia vida, de nuestros propios valores y de nuestras propias creencias. Además, el auge de determinadas patologías de salud mental está muy ligado a este tipo de herramientas, que provocan que no nos tengamos que hacer cargo de nuestros problemas porque al final nos podemos en una especie de limbo durante horas.
Quienes hemos vivido en un tiempo anterior a esta explosión tecnológica sabemos que las tardes duraban mucho más, que los fines de semana y las vacaciones eran mucho más largas. Esa percepción del tiempo ha cambiado,y lo ha hecho a peor.
Otro de los grandes problemas es que buena parte de las relaciones sociales que se puedan generar, además de que pueden ser relaciones intersubjetivas con personas que conocemos, son relaciones triviales, en las que no conocemos a las personas y solo conocemos de ellas lo que se muestra y se consume; una imagen falsa, jamás se puede saber si es real o no.
Como ejemplo podemos destacar que al principio en Facebook solo había la posibilidad de utilizar likes(me gusta), no había posibilidad de usar dislikes(no me gusta), era una suerte de buenismo y al final se ha visto que se impone la idea de generar conflicto por cualquier cosa. Las redes sociales no son redes sociales reales y han convertido los espacios de intimidad de cada uno consigo mismo y con otras personas cercanas en espacios vacíos de contenido.
Depende de cada uno limitar o regular el uso de las redes sociales, pero el entorno empuja a utilizarlas si no quieres ser una rara avis. Son pocos los que eligen no tener redes y generalmente es porque han vivido en una época previa y son capaces de saber que había una vida distinta. Como mecanismo de socialización para las personas que han nacido a partir aproximadamente de 1996 es impensable no estar ahí, en ese universo, aunque estar ahí signifique no se sabe bien qué significa.
Además, aunque siempre ha pasado que los jóvenes no han sido bien comprendidos por sus mayores, siempre había puntos de comprensión y entendimiento. Ahora, con este cambio, se ha producido una brecha generacional, una incomprensión absoluta por parte de las personas adultas en relación a qué es lo que hacen sus hijos o hijas en este tipo de vida social paralela.
Es curioso observar cómo en esta época ha habido entre los propios jóvenes un auge de distintos tipos de movimientos sociales, como ecologista o el LGTBI. Por un lado, totalmente justificado, pero, por otro, absolutamente paradójico. No puede ser que una parte de nuestros jóvenes estén volcados en favor de estos movimientos y no sean conscientes de que su comportamiento y uso de las redes sociales produzca un enorme gasto energético o que exista una relación permanente entre la utilización de las redes sociales y la ultrasexualización e incremento de todo tipo de violencia de género.
No puede ser que estemos ante la evidencia de que nos vamos al carajo desde el punto de vista climático y ecológico y al mismo tiempo estemos haciendo un gasto energético enorme solo por compartir fotos de una comida en Instagram.
Hay poca conciencia del mundo en el que vivimos y ni siquiera nos lo planteamos. Dentro del contexto europeo se da una mala gestión y regulación tanto de la ley de protección de datos y la ley de Inteligencia Artificial. Son marcos legales tremendamente restrictivos y que llegan tarde, cuando quieren promoverse tienen un desfase. Tenían sentido hace cinco años, pero no ahora.
Las redes sociales han sustituido, en gran medida, a un sentimiento de comunidad, al sentimiento del bien común, en el que sus miembros se responsabilizan con un colectivo, siempre pensando más en el nosotros que en el yo.
No solo lo han sustituido, sino que quieren imposibilitarlo. Las redes sociales consisten en una adicción de individuos, generando falsos colectivos y es la exacerbación de la idea de gobernanza llevada al extremo.
No tiene nada que ver con la idea de comunidad, con la idea de un nosotros, con la idea de proyectos comunes, con la idea de discusión y de democracia participativa. Pensábamos que podían ser herramientas más democráticas, pero con el tiempo se ha visto que no es así.
No hay más que ver la tendencia de Twitter desde que Elon Musk lo compró para comprobar que ni es un instrumento para la libertad de expresión, ni es un mecanismo de democratización. Nada que ver con lo que nosotros los carlistas de manera tradicional entendemos como valores cívicos, convivencia, respeto, tolerancia, solidaridad…
Este tipo de herramientas dificultan, por su propio diseño, la participación y la convivencia. Ahora bien, es cierto que existe la posibilidad de desarrollar usos que pudieran ser positivos, pero también es cierto que siempre están ligados a una estructura que viene dada. Se podrían utilizar en un buen sentido, pero al final ese uso implica algo básico como es la gestión de los datos. Sería mucho más productivo el desarrollo de otro tipo de herramientas, pero las actuales están ya estandarizadas y el uso es generalizado, lo que hace que el desarrollo de otro tipo de herramientas, además de ser muy caro, es tácticamente muy difícil.
Los ciudadanos apenas tenemos opciones reales de participar en la toma de decisiones en las cuestiones que nos afectan, a pesar de que los distintos gobiernos y partidos intenten maquillar el sistema con supuestas medidas de participación y las redes sociales den sensación de participación e influencia en determinados ámbitos.
Tal como están montados los sistemas parlamentarios en el contexto europeo y en el español en particular esa es una gran mentira. La idea de la democracia representativa lleva muchos años en crisis, circunstancia que, en su día, provocó el auge de partidos populistas como Podemos. Es paradójico que se tienda a vanagloriar la idea de globalización cuando las acciones productivas se deben realizar a nivel local. Nosotros siempre hemos tenido claro que la construcción de la sociedad ha de hacerse de abajo a arriba, desde los cimientos al tejado y no al revés.
David Martínez.
